¿Cómo bajarle la fiebre a un bebé?
Cuando un bebé presenta fiebre, nosotros como cuidadores nos enfrentamos a una mezcla de preocupación, urgencia y dudas sobre qué hacer primero. La fiebre es una respuesta común del organismo ante infecciones y otras alteraciones, pero en los primeros meses de vida puede generar alarma justificada. En este artículo explicamos de manera clara y práctica cómo actuar, cuándo intervenir con medicamentos, qué métodos no farmacológicos aplicar y en qué momentos debemos buscar atención médica inmediata. Nuestro enfoque es informativo y basado en prácticas pediátricas aceptadas, y siempre recomendamos consultar al pediatra del niño para indicaciones personalizadas.
¿Qué entendemos por fiebre y por qué ocurre?
La fiebre es un aumento temporal de la temperatura corporal por encima de lo que se considera normal. En bebés, la temperatura normal varía, pero habitualmente se considera fiebre cuando la temperatura rectal es igual o superior a 38.0 °C (100.4 °F). La fiebre no es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma. Es una reacción del sistema inmunológico frente a infecciones virales, bacterianas u otras causas como vacunaciones recientes, golpes de calor o procesos inflamatorios.
¿Por qué no siempre debemos preocuparnos de inmediato?
La fiebre tiene una finalidad defensiva: ayuda a limitar la multiplicación de microorganismos y facilita la respuesta inmunitaria. En muchos casos de enfermedades virales leves, la fiebre se resuelve sola en 24–72 horas con medidas de soporte. No obstante, la gravedad depende de la edad del bebé, de la apariencia clínica y de signos asociados como dificultad para respirar, rechazo al alimento, somnolencia inusual o erupciones.
Cómo medir la temperatura en un bebé
Una medición correcta es la base para decidir cómo proceder. Nosotros recomendamos:
- Temperatura rectal: es el método más fiable en lactantes y bebés menores de 3 meses. Utilice un termómetro digital diseñado para uso rectal.
- Termómetro tympánico o de oído: puede ser útil en menores de 6 meses con buena técnica, pero puede dar lecturas menos consistentes.
- Termómetro axilar: es menos preciso; si usamos este método, tengamos en cuenta que las lecturas pueden ser 0.5 °C o más inferiores a la temperatura central.
Consejos prácticos para la medición
- Calmemos al bebé antes de medir la temperatura: un llanto intenso puede elevar temporalmente la lectura.
- Siga las instrucciones del fabricante del termómetro y registre la lectura y la hora para seguimiento.
- Si la lectura es dudosa o no concuerda con la apariencia del bebé, repetimos la medición por un método diferente (p. ej., rectal si la axilar fue alta).
Medidas no farmacológicas que ayudan a bajar la fiebre
Antes de administrar medicamentos, existen varias medidas seguras que podemos implementar para mantener al bebé cómodo y ayudar al organismo a regular la temperatura:
Manejo del ambiente y la ropa
- No sobreabrigar: retiramos capas innecesarias de ropa y mantas. Vestimos al bebé con prendas ligeras y transpirables.
- Temperatura ambiente: mantenemos la habitación entre 20–22 °C cuando sea posible. Evitamos corrientes de aire frío directo sobre el cuerpo del bebé.
Hidratación y alimentación
La fiebre incrementa la pérdida de líquidos. Ofrecer líquidos frecuentes es fundamental.
- En lactantes amamantados, intensificar las tomas si el bebé lo desea.
- En bebés alimentados con fórmula, ofrecer tomas más frecuentes en cantidades adecuadas.
- Si el bebé ya consume alimentos complementarios y líquidos, ofrecer pequeñas cantidades de líquidos y alimentos frescos.
Baños y compresas
- Los baños tibios (no fríos) pueden ayudar a bajar la temperatura y calmar al bebé. Evitemos el uso de agua muy fría, alcohol o compresas congeladas, que pueden provocar escalofríos o intoxicación.
- Las compresas tibias en frente y axilas pueden ser útiles para el confort, pero su efecto en la temperatura central es limitado.
Cuándo no aplicar baños fríos
No recomendamos baños fríos ni envolver al bebé en paños húmedos fríos con intención de provocar una bajada brusca de temperatura; esto puede inducir escalofríos y aumentar la temperatura corporal central o generar incomodidad y estrés en el bebé.
Uso de antipiréticos: cuándo y cuál elegir
Los antipiréticos son medicamentos que ayudan a reducir la fiebre y aliviar el malestar. Entre los más usados en pediatría se encuentran el paracetamol (acetaminofén) y el ibuprofeno. Nosotros enfatizamos que su uso debe ser orientado por el pediatra, respetando la dosis adecuada según peso y edad.
Paracetamol (acetaminofén)
Es ampliamente utilizado y suele ser la primera elección para disminuir la fiebre y el malestar en bebés. Es importante no superar la dosis máxima recomendada en 24 horas y evitar la administración concomitante con otros medicamentos que contengan la misma sustancia.
Ibuprofeno
Es útil cuando el paracetamol no es suficiente o cuando hay inflamación significativa. En algunos países se recomienda su uso a partir de los 3 meses o de cierto peso; por eso, siempre confirmaremos con el pediatra la edad mínima y la dosis adecuada.
Qué evitar
- Aspirina: nunca usar en niños y adolescentes por el riesgo de síndrome de Reye.
- Alternar medicamentos: aunque a veces se propone alternar paracetamol e ibuprofeno, esto debe hacerse solo bajo indicación médica, ya que implica riesgos de errores de dosificación.
Señales de alarma: cuándo debemos buscar atención médica urgente
Existen situaciones en las que la fiebre en un bebé requiere evaluación médica inmediata. Debemos acudir a urgencias o contactar al pediatra si observamos:
- Bebés menores de 3 meses con fiebre equivalente a rectal ≥ 38.0 °C (100.4 °F).
- Fiebre en bebés de 3 a 6 meses que sea alta (por ejemplo, ≥ 39.0 °C) o si el bebé tiene aspecto enfermo o no se calma con medidas habituales.
- Dificultad para respirar, respiración rápida o ruidosa.
- Somnolencia excesiva, irritabilidad extrema o que el bebé no responde normalmente.
- Rechazo persistente a la alimentación o signos de deshidratación (menos pañales mojados, labios secos, ausencia de lágrimas).
- Convulsiones febriles, erupciones cutáneas preocupantes o sangrados, rigidez de nuca.
- Si han pasado menos de 48 horas desde una vacunación y la fiebre es muy alta o el bebé está muy decaído.
Convulsiones febriles
Las convulsiones asociadas a fiebre suelen aparecer entre los 6 meses y 5 años. Generalmente son autolimitadas y no derivan en daño neurológico, pero requieren evaluación médica inmediata. Si ocurre una convulsión:
- Colocamos al bebé de lado para mantener la vía aérea permeable.
- No introducimos objetos en la boca y no intentamos detener los movimientos.
- Anotamos la duración de la crisis y buscamos atención médica urgente.
Cómo actuar paso a paso cuando detectamos fiebre
A continuación proponemos un esquema práctico para manejar la fiebre en el bebé:
- Calmarnos y evaluar: medimos la temperatura y observamos el estado general del bebé: si está activo, alerta o somnoliento, si se alimenta y si llora de forma habitual.
- Implementar medidas no farmacológicas: retirar ropa excesiva, ofrecer líquidos, mantener ambiente confortable y baños tibios si es necesario.
- Decidir sobre antipiréticos: si el bebé está incómodo, lloroso o la fiebre es alta y el pediatra lo aconseja, administrar paracetamol o ibuprofeno según pauta pediátrica.
- Vigilar la evolución: registramos la temperatura y el comportamiento cada pocas horas. Si la fiebre no cede o aparecen signos de alarma, contactamos al pediatra o acudimos a urgencias.
- Registrar antecedentes: informar al médico sobre vacunas recientes, contactos con enfermos, medicamentos administrados y la duración de los síntomas.
Comunicación con el profesional de salud
Cuando consultamos al pediatra, es útil comunicar:
- Edad y peso del bebé.
- Hora y valor de las mediciones de temperatura.
- Síntomas asociados (tos, vómitos, diarrea, erupciones, dificultad respiratoria).
- Medicamentos administrados y su dosificación.
Preguntas frecuentes (FAQs)
1. ¿Debemos tratar la fiebre sólo para bajar el número del termómetro?
No. El objetivo principal del tratamiento es aliviar el malestar del bebé y prevenir complicaciones (como la deshidratación o el sufrimiento significativo). No siempre es necesario reducir la fiebre si el bebé está activo y se alimenta bien. Sin embargo, si el bebé está irritable, incómodo o hay riesgo de complicaciones, administraremos antipiréticos según indicación médica.
2. ¿Es peligroso que el bebé tenga fiebre alta?
La fiebre alta en sí misma rara vez causa daño cerebral; el peligro real depende de la causa subyacente y del estado general del bebé. Nosotros debemos vigilar especialmente a los más pequeños y actuar con rapidez ante signos de alarma. Las convulsiones febriles pueden ocurrir con fiebre alta, pero suelen ser benignas; aun así requieren evaluación urgente.
3. ¿Puedo combinar paracetamol e ibuprofeno para bajar la fiebre más rápido?
Alternar o combinar antipiréticos puede usarse en casos específicos para controlar la fiebre cuando una sola droga no es suficiente, pero esto debe hacerse sólo siguiendo indicación del pediatra. La administración inadecuada puede aumentar el riesgo de sobredosificación o de efectos adversos. Siempre consultemos antes de alternar medicamentos.
Nota: evitamos dar aspirina a niños por riesgo de síndrome de Reye.
Recomendaciones finales para el cuidado diario
Para prevenir situaciones de riesgo y actuar de forma adecuada cuando aparece la fiebre, recomendamos:
- Conocer el número de teléfono del pediatra y el centro de urgencias más cercano.
- Tener un termómetro digital confiable y saber usarlo.
- Registrar el peso del bebé para calcular dosis cuando el médico lo indique.
- Evitar automedicación o mezclas de medicamentos sin supervisión profesional.
- Estar atentos a las vacunas del calendario, que pueden provocar fiebre leve transitoria; ante dudas, consultar al equipo de salud.
En resumen, la fiebre en un bebé es un signo que nos exige atención y observación, pero no siempre significa peligro inminente. Nuestro papel como cuidadores es mantener la calma, medir la temperatura correctamente, proporcionar confort y líquidos, y usar antipiréticos con criterio profesional cuando el bebé lo requiere. Ante cualquier signo de alarma o incertidumbre, la valoración médica es indispensable para proteger la salud del niño.
Reflexión final: La fiebre es manejable si actuamos con conocimiento y prudencia. Mantener la calma, observar al bebé y comunicarnos con el pediatra son las mejores herramientas para asegurar una recuperación segura y rápida.


